La Conquista es una historia de gente defraudada, dice el escritor Fabrizio Mejía

Siendo su novela más experimental, en Los ninguneados (FCE, 2021) Fabrizio Mejía Madrid intenta reconstruir desde la ficción la Historia y sus mitos mediante la vida de los hermanos Xaramillo, Manuel y Fabrizio, quienes a su vez estarán ligados con otros dos hermanos: los descendientes de Hernán Cortés, los dos Martines, uno, hijo de la Malinche, el otro, de Catalina la española.

“Uno de los Martines fue el primer junior de América mientras que el otro fue el primer ninguneado. Siempre hay una historia familiar que se enlaza con estos dos hermanos que no se conocen, pero tienen un cordón umbilical que los une”, comenta en entrevista. 

De esta manera orquesta una obra coral, cuyo detonante es la relación familiar, la constante pregunta sobre la identidad y el cordón umbilical que une a los hermanos. 

“Tiene que ver con lo que esperamos de ser familia, qué expectativas no se cumplen a la hora de pensar que podemos ser una familia como les sucede a estos personajes. Intento dar cuenta cómo no hay una familia ideal; además, constantemente ésta también es una pregunta sobre cómo cambiaron nuestros asentamientos familiares con el paso de las décadas y el cambio cultural en México”, expresa.

Fabrizio Mejía apunta que la novela lo que plantea son una serie de preguntas de preceptos ubicados fuera de la historia normal, del mestizaje, que se intentaron enseñar al inicio del siglo XX, sobre que todos somos iguales porque todos somos parte de la mezcla; “y no es así”, ya que expone que en realidad se ninguneó a quienes sirvieron a la Conquista.

“En realidad si le echas un poco más de luz a más personas, lo que te queda es un montón de gente defraudada, donde no hay ganadores ni perdedores, y todos fueron defraudados por la Corona

—Fabrizio, no cabe duda que el título es muy sugerente. ¿Por qué hablar de estos personajes ninguneados, olvidados, pero que tú pones en acción y les creas su presente y su futuro?

—La palabra ninguneado, como la entendemos, es de menosprecio y la novela trata de dos hermanos, los hermanos Xaramillo. A uno de ellos, Manuel le avisan que el otro, Fabrizio, probablemente está muerto en Veracruz, entonces la novela trata sobre ese viaje de uno de ellos en busca del otro, de la Ciudad de México a Veracruz. 

En la travesía, Manuel se da cuenta que no ha visto a su hermano hace mucho tiempo y no sabe qué fue lo que le pasó, entonces comienza a llenar los huecos con conjeturas y elucubraciones sobre qué habrá sido lo que ocurrió, y es, al mismo tiempo, una reflexión sobre los hermanos, pues de todas las personas que nos rodean, los hermanos no sólo serán quienes más tiempos estarán con nosotros, pero somos con los que estamos más apegados y desapegados al mismo tiempo, nos conocemos, o creemos que nos conocemos, y al final, como dice la novela, ser hermanos es una injusticia compartida, cada quien recibió distintas cosas de los padres durante el tiempos que les tocó vivir juntos. 

En medio de la historia de los Xaramillo, entre muchas otras que se cruzan con la central, está la de otros hermanos que son hijos de Hernán Cortés, los Martín, uno es hijo de Malinche, la indígena, y el otro es hijo de Catalina, la española, entonces también es la historia de estos dos hermanos que se han desencontrado, que uno de los Martines fue el primer junior de América mientras que el otro fue el primer ninguneado. Siempre hay una historia familiar que se enlaza con estos dos hermanos que no se conocen, pero tienen un cordón umbilical que los une. 

—Tu novela tiene en el centro el conflicto de la familia, Fabrizio. ¿Con Los ninguneados intentas poner en juego las relaciones familiares? 

—La familia de Manuel y Fabrizio (utilicé mi nombre como un juego de falsa autobiografía, un poco una burla a esto que hace algunos años le llamaban la autoficción) se desvanece. Sin duda, la novela también tiene que ver con lo que esperamos de ser familia, qué expectativas no se cumplen a la hora de pensar que podemos ser una familia como les sucede a estos personajes. Intento dar cuenta de  cómo no hay una familia ideal; además, constantemente está también es una pregunta sobre cómo cambiaron nuestros asentamientos familiares con el paso de las décadas y el cambio cultural en México.

—Cuéntame sobre la Investigación histórica y periodística que llevaste a cabo 

—Considero que la novela también trata sobre cómo cada vez que recordamos, cambiamos un poco la historia del recuerdo, y eso habla de la memoria histórica. Por ejemplo, el mito de los chibchas del Dorado de Colombia, que los españoles se la pasaron buscando la ciudad hecha de oro, pues malinterpretaron esta leyenda de un cacique al que le pone el cuerno su mujer y para vengarse de ella, le sirve en una cena la parte pudenda de su amante, entonces ella enloquece, se suicida en un lago, y de la culpa, cada año, el cacique se desnuda, se pone polvo de oro para pedir perdón y le dice a sus gobernados: ‘mi mujer sigue viva, pero en una ciudad de subacuática’. Esa leyenda los españoles la escuchan y se pasan la vida buscando esa ciudad. 

Entonces, escribí Los ninguneados por toda esta fauna que creó el imaginario europeo que desembarcó en América, todo lo que pensaban que existía aquí y que lo buscaron sin encontrarlo, y este fue el detonador de la novela, pero después, con estas conmemoraciones del 1521, comenzaron a salir muchos libros en torno al tema, sobre Malinche, los estudios en las universidades norteamericanas sobre los indios conquistadores, como que estaba cambiando la manera de mirar el pasado de la Conquista, y yo estaba leyendo eso, y en eso vino la pandemia. 

—Con este libro intentas, desde la ficción, desmitificar la Historia. 

—En realidad, lo que plantea la novela es una serie de preguntas, de cosas que están ahí, que están fuera de la historia normal, del mestizaje, que nos intentaron enseñar al inicio del siglo XX, y que todos somos iguales porque todos somos parte de la mezcla, y no es así. Yo lo que digo es porque el 90 por ciento del ejército que sitió Tenochtitlan son los indios conquistadores a los que se le ofreció ya no pagar tributos, pero al final vuelven a ser los conquistados, ahí hay una traición, defraudaron a esos indígenas conquistadores, y por otro lado, tanto Cortés, como Bartolomé de las Casas como Díaz del Castillo, escriben lo que escriben porque quieren demostrarle al rey que participaron, y que se les debe. Si se leen las Cartas de relación, se puede comprender que estos españoles exigen tierras, que se les deben, piden reconocimientos de parte del Rey, pero no se los dan, y hay una serie de injusticias y menosprecio a todos. 

Cuando se cuenta la historia oficial, donde tienes vencedores y vencidos, pero en realidad si le echas un poco más de luz a más personas, lo que te queda es un montón de gente defraudada, donde no hay ganadores ni perdedores, y todos fueron defraudados por la Corona española, entonces quería plantear, no mi visión, sino esas preguntas. 

—Al ser una novela que se debate entre América y Europa, permea la idea de que tus personajes van tras búsqueda de su identidad, estar a la mitad del Atlántico.

Este libro también tiene que ver con el encierro, con esta voz de meditación íntima, de recuerdos de la infancia, de las preguntas de la identidad y la familia y nos puso a muchos, quienes tuvimos el privilegio de estar encerrados, en esta tonalidad intimista, entonces vi que esto podía ser una novela, efectivamente no es una novela histórica, sino que la Historia se toma como referencia para fortalecer la historia de estos dos hermanos Xaramillo. 

—Los ninguneados está escrita con una voz en voz íntima, casi como flujo narrativa, al fin cambia a la segunda persona. Cuéntame de esta alternancia de voces. 

—Esta otra voz, que es de una mujer, es para quitarle el carácter narcisista a la novela. Me pregunté, por qué una novela no puede estar contada en tú, en segunda, o de pronto cambiar a una voz femenina. Es un ejercicio que la novela sea coral, no solamente la interpretación de un solo personaje que va a contar la historia, también contarlo en tú, pues la pregunta de la identidad es de un tú y el encuentro con el otro siempre te va dotar de identidad a los personajes. 

Cuando se está escribiendo una novela, la novela misma te exige su lenguaje,  no es una decisión absoluta del escritor, y entonces hay una necesidad de poner otra voz, que fuera develando el centro de la narración que es este secreto que separó a los hermanos Xaramillo, que nos lo revelará este otro personaje femenino, que es una especie de restauradora de obras de arte. 

—¿Qué ganaba la novela al intercambiar voces narrativas?

—Me pareció que estaba bastante indicado este uso de la segunda persona, y que fuera una mujer, me pareció que lo sugería la propia narración de cómo se debía contar, pues como es un secreto, por qué te lo contaría el narrador, quien además quería ocultarlo, entonces lo debía contar alguien más, y que esa relación entre los hermanos tuvo una consecuencia, aunque no es la que ellos pensaba, sino inesperado. 

—¿Qué sensación te produce ser publicado en La Colección Popular del FCE?

—Es todo un honor. Yo me formé con los breviarios del FCE, pero ya no publicaba literatura, ni periodismo, habían dejado de publicar poesía, y estaba a la sociología, a la filosofía,  cuando no a los informes de Josefina Vázquez Mota o los discursos de Miguel de Madrid, pero bueno, esos es otro pasado. 

—Es increíble que esta Colección Popular llegue a los lectores, que se pueda  comprar, que los puedan leer, y para mí es un placer estar en esta colección del FCE. Antes, sólo publicaban a los académicos muy reconocidos, traducidos o los de la UNAM, aquellos que son SNI 3, pero ahora incluye  autores como BEF, pero es la primera vez que el FCE voltea a ver a mi generación. 

 

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