Juan García Ponce, el escritor mexicano erótico que TIENES que leer

Cuando se habla sobre erotismo en la literatura, irremediablemente hay quien piensa de inmediato en Cincuenta Sombras de Grey, de E.L. James, o en autoras como Megan Maxwell o Patricia Geller, pues son más actuales.

Pero ¿dónde quedan los clásicos? Hablamos por ejemplo de Henry Miller con su Trópico de Cáncer, de Almudena Grandescon Las edades de Lulú, o del propio Vladimir Nabokov y su máxima obra, Lolita.

Aunque parezca que en México no tenemos escritores que hacen del erotismo el protagonista en sus obras, sí los hay, y sus escritos son verdaderas joyas. Rosario Castellanos, Amparo Dávila e Inés Arredondo allanaron el camino al dar un toque sensual y erótico a sus textos.

Sin embargo, uno de los autores que explotó el tema en sus obras fue Juan García Ponce. Los textos del yucateco se caracterizaron por crear atmósferas realmente eróticas que, incluso rayan en la pornografía. Él perteneció a la llamada Generación del Medio Siglo, de la que formaron parte escritores como Inés Arredondo, José Emilio Pacheco y Sergio Pitol, entre otros. Ellos decidieron alejarse de la literatura de la Revolución, que era la que estaba en auge, para adentrarse a historias donde predominaba lo urbano, cosmopolita y mundano.

La obra de Juan García Ponce es basta y abarca desde el cuento y el ensayo hasta la novela. En 1963 publicó dos libros de cuentos, La Noche e Imagen Primera, los cuales irrumpieron en el mundo de la literatura y marcaron su propuesta. En ella, los personajes ya no eran campesinos que “deliraban de hambre o sufrimiento”, ni había realismo mágico. Nació una nueva voz y una corriente para nuestro país: lo erótico y contemplativo. Quien ha leído a García Ponce, sabe que este autor no le tenía miedo a las palabras. Para contarnos historias fuertes y llevarnos por un devenir erótico, utilizaba todas las palabras, sin filtro. Como dirían por ahí, él llamaba a cada cosa por su nombre, aunque a veces hiriera susceptibilidades.

Para muestra tenemos su gran obra Inmaculada o los placeres de la inocencia (FCE, 1989), en la que el personaje central es una mujer que busca su identidad a través de la libertad sexual y su desenvolvimiento social. Ella sobrepasa los límites morales, sociales e incluso sentimentales; mientras se conoce a sí misma, se coloca en un papel de mujer deseada, un objeto de deseo, una vía para dar y recibir placer, pero sin freno alguno, pues es un ser completamente amoral, que no entiende lo que socialmente está bien o está mal.

Aquí un fragmento de Inmaculada o los placeres de la inocencia:

“Eso era lo que ella había querido siempre, estar en un automóvil con alguien cuyo aspecto no le interesaba, cuyo nombre acababa de escuchar, que le resultaba un desconocido, tener la blusa abierta y un pecho fuera”.

Por este motivo, hubo algunos que lo consideraron como un escritor pornográfico, sobre todo en una sociedad como la muestra, en la que la doble moral aún se arraiga.

Sin temor a equivocarnos, podemos decir que Juan García Ponce es un escritor adelantado a su tiempo, a quien más que interesarle describir de manera gráfica el acto sexual, lo que quería era contar las reacciones que éste provoca en sus personajes, sobre todo en los femeninos, liberándolos de las reglas morales que nos han regido siempre, es decir, sin tener que pensar si lo que se hace está bien o mal.

Toda su obra es una especie de deseo infinito, leer a Juan García Ponce es un acto de liberación que te adentra en un estado de placer y te hace reconocer tus gustos y apetitos más recónditos. Aunque nos enfocamos un poco más en Inmaculada, otras de sus obras son igualmente eróticas y gráficas, como Tajimara y otros cuentos, La Gaviota o Figura de Paja.

El autor nació el 22 de septiembre de 1932 en Mérida, Yucatán, y murió el 27 de diciembre de 2003, en la Ciudad de México, tras varios años de luchar contra la esclerosis múltiple que lo colocó en una silla de ruedas en 1967.

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