Francisco deja libros en paradas de camión para promover la lectura en Culiacán

Envueltos en una bolsita de plástico con un post it que dice “Lectura para llevar, sanitizado”, Francisco Hernández Villegas, de 67 años, deja libros en paradas de camiones en Culiacán.

Como lector empedernido y amante de los libros, el maestro jubilado de la UAS empezó con esta dinámica por el simple hecho de compartir con los demás aquellos títulos que él también ha disfrutado.

Durante su vida el compartir libros ha sido una constante, ya que no solo realiza ésta actividad, sino que también hace donaciones a distintos lugares. Todo con el mismo fin, hacer que los libros lleguen a todos.

Esta labor la realiza en el anonimato, visita distintas paradas de camión y deja ahí algún libro esperando a que este sea encontrado por alguien más.

A la fecha a decir de su hijo Édgar Hernández, su papá ha dejado más de 100 libros en distintas paradas de camión, pero su preferida es la que se encuentra a un lado de la plaza comercial Forum.

“Esto inició al dejar los libros en una banca que corresponde a una parada de camión afuera de Forum”, cuenta.

“Tiene muchos libros, no los ha amasado, los adquiere, los compra, los lee, y después los comparte”, dice.

La magia en este gesto por parte del señor Franciso radica en que los libros los deja para aquellas personas que son de a pie, estudiantes, gente trabajadora, entre otros, que tal vez no tenga para un gasto de este tipo.

Su actividad empezó en un entorno donde la pandemia había llegado a la ciudad, entonces Francisco se empezó a dar cuenta que los libros no eran tomados por las personas, debido al miedo por un contagio de coronavirus.

Y es por ello que les empezó a poner un pequeño recado en el que detallaba que el libro estaba sanitizado, y así las personas tenían más confianza de tomarlo y llevárselo.

El señor Francisco regresaba al sitio donde había dejado un libro, pero seguía ahí, ya que mucha gente tenía el temor de tomar un objeto así, sin saber cómo había sido manipulado y pensar que podrían contraer Covid.

“Pasaba la hora, dos horas y el libro seguía ahí, por eso decidió ponerlos en una bolsita y con el recadito de que están sanitizados, para que la gente tuviera más confianza”, comenta su hijo.

“Hay miles de libros aprisionados y la idea de mi papá es que lleguen con más gente, en vez de que estén encerrados”, expresa.

En los meses más fuertes de la pandemia como abril y mayo del año pasado, esta fue una actividad que tuvo que pausar, debido al peligro de contagio y la poca movilidad de personas que se tenía. Aun así del contagio de coronavirus el señor Francisco no se pudo salvar, por lo que en el periodo que estuvo enfermo por este virus, pasó la tarea momentáneamente a su hijo.

“Él convaleciente quería seguir haciéndolo, me mandaba a hacerlo, pero ahora lo hace todos los días. Si tiene un libro para dar, lo hace”, expresa Édgar.

Actualmente Francisco continúa con esta actividad. Casi todos los días sale a la calle y busca en qué nueva parada de camiones dejar un libro y compartir de este modo su amor por la lectura.

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